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La enzima de la inmortalidad

Activar un gen que se encuentra dormido en las células podría ser la piedra filosofal para hacer realidad el más antiguo sueño de la humanidad: la inmortalidad. La esperanza que buscaron los alquimistas sería un hecho de la mano de la ingeniería genética que parece haber descubierto una de las llaves que harían posible prolongar la vida de forma indefinida. La clave es una enzima, la telomerasa, una sustancia que se encuentra en las llamadas células madre embrionarias y que hace posible que éstas puedan dividirse una y otra vez sin envejecer y morir. Por desgracia para nuestra esperanza de vida, esta sustancia no se halla en los tejidos adultos, pero diversos avances realizados por universidades americanas y, muy especialmente, por la empresa de biotecnología Geron Corporation, apuntan hacia la posibilidad de activar su fabricación en el organismo. Desde hace varios años se están realizando serias investigaciones para conocer las causas que provocan el envejecimiento de las células. Los organismos unicelulares, como las amebas, se podrían considerar inmortales pues se dividen de forma indefinida, sin deteriorarse, generación tras generación, desde hace muchos cientos de millones de años. En cambio, el envejecimiento es un fenómeno natural en las plantas y animales, entre éstos el ser humano. Las células que nos componen dejan de dividirse correctamente y finalmente, morimos.

Esto ocurre con todas las células menos con las destinadas a la reproducción, las germinales, contenidas en los óvulos y los espermatozoides y que pasan de una generación a otra sin envejecer. En un cultivo de laboratorio, las células no se dividen más allá de 50 ó 75 veces, el llamado límite de Hayflick, ya que tras cada división se acorta el telómero, una porción de ADN que se encuentra en un extremo del cromosoma. Es como un contador que se va reduciendo reproducción tras reproducción hasta llegar al límite marcado; cuando es demasiado corto ya no se puede proteger al cromosoma y la célula pierde la capacidad de dividirse. Pero, ¿qué ocurre con los organismos unicelulares, o con las células que darán lugar a las reproductivas en los seres pluricelulares? Aquí es donde entra en acción la telomerasa, la sustancia capaz de reparar este fragmento de ADN, dejándolo como estaba al principio, es decir, poniendo a cero el contador de su reproducción. Esta enzima no se encuentra en el resto de las células, pero en todas ellas se halla el gen que la codifica, aunque no esté activo.

Ahora, mediante ingeniería genética, se ha comprobado que al introducir en la célula un gen activo de la telomerasa, aquélla genera de nuevo esta enzima y se puede volver a reproducir de forma prácticamente indefinida. Los primeros que consiguieron inmortalizar cálulas que se encontraban en determinados cultivos fueron Woodring Wright y Jerry Shay, de la Universidad de Texas, quienes, a principios de 1999 ya habían conseguido que éstas se dividiesen 220 veces más allá de su límite natural. Según publicó la revista Nature Genetics, las células se reproducían perfectamente sanas, alejando de esta forma uno de los riesgos que se habían planteado: que la telomerasa provocar cáncer. Este temor era debido a que esta enzima se encuentra en las células cancerígenas, haciendo posible su multiplicación incontrolada. "Las anormalidades vistas en el cáncer son debidas a otras mutaciones, la telomerasa no provoca una progresión de esta dolencia". ¿Podría la telomerasa evitar el envejecimiento o, al menos, hacerlo más lento? Esta es la pregunta que está provocando controversia. Bien es verdad que, por ahora, sólo se ha conseguido prolongar la vida de las células, pero éstas son los primeros eslabones de los tejidos de los que estamos formados. Para conseguir efectos prácticos habría que introducir en el organismo los efectos de la telomerasa, logrados en los cultivos celulares, y la forma de hacerlo sería a través de las células madre embrionarias.

De éstas derivan todas las que están en el organismo, después de un proceso de diferenciación que da lugar tanto a la aparición de los glóbulos rojos como de las neuronas, las células musculares o las del tejido óseo. La Corporation anunció que habían creado el primer cultivo de células madre embrionarias que, "son diferentes a cualquier otro sistema celular humano aislado hasta el momento, capaces de servir de fuente para trasplantes". Es decir, pueden dar lugar a cualquier otra célula del organismo. Este nuevo avance podría esbozar lo que nos espera en un futuro no muy lejano: trasplantes de estas células madre embrionarias, cultivadas con el gen de la telomerasa activado, que convertirían los tejidos y los órganos del receptor en prácticamente inmortales: el sueño de la eterna juventud casi a la vuelta de la esquina. Sólo falta que los científicos que están trabajando en el innovador método consigan encaminar a las células embrionarias hacia la especialización para que éstas forman parte de los diferentes tejidos. En este futuro imaginado, pero que tal vez sea real muy pronto, en lugar de realizar operaciones de cirugía estética, que sólo maquillan el aspecto físico, se podrían llevar a cabo injertos de células madre en las que se habría detenido el reloj del envejecimiento activando el gen de la telomerasa. Los tejidos así tratados se regenerarían de forma indefinida, serían siempre jóvenes y sólo un accidente o una enfermedad podrían terminar con una madurez indefinida y plena. ¿Es posible pensar en un mundo donde la mayoría de la población aparente una edad indefinida entre los treinta y los cincuenta años, aunque la verdadera supere, con mucho, el siglo? Esto es lo que algunos científicos creen posible en un plazo razonable de tiempo, tal vez cincuenta años.

La otra versión de los científicos de la Corporation es que no se busca lograr la inmortalidad física, "algo descabellado". Su interés se centra en la curación de enfermedades degenerativas que podrían tratarse con las células madre embrionarias inmortalizadas. Es posible que este escaso entusiasmo manifestado por la posible consecución de un remedio contra el envejecimiento sea sincero, pero también se podría pensar que tiene mucho que ver con las relaciones públicas. Trabajar para conseguir remedios contra enfermedades es algo que está muy bien visto y no encuentra ninguna contestación social, mientras que tratar de convertir en poco menos que inmortales a los seres humanos generarán un debate ético sobre si el hombre quiere ponerse a la altura de Dios. En todo caso, Geron ya ha movido ficha y ha patentado una serie de procesos clave, como los cultivos de células indiferenciadas o, incluso, la proteína que produce la telomerasa humana. De esta forma, se asegura la llave que podría desembocar tanto en el desarrollo de un remedio contra el envejecimiento, como en la regeneración de los tejidos. Si el hombre consigue la inmortalidad, no será gratis, desde luego. El que desee codearse con los inmortales, y se lo pueda permitir, deberá pasar por caja y contribuir a las plusvalías empresariales de la compañía que pretende desentrañar el mecanismo de la vida eterna.

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