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Nuevas técnicas, nuevos cacharros

...con la añoranza de éxtasis psicodélico como telón de fondo, algunos neohippies intentaron emularlo mediante métodos más naturales o, en todo caso, legales. Así nacieron las técnicas, cacharros y actividades más dispares. Ejercicios de hiperventilación (, respiraciones de fuego del yogui Bhajan...), venta por correo de plantas medicinales legales con relativo poder alucinógeno (semillas de hipomea, por ejemplo), libros para vivir arriesgadas experiencias energéticas (el poder de los cristales de cuarzo, mismamente), músicas sintetizadas de cósmicos y planeadores efectos, proyecciones de imágenes o videos con supuesto poder hipnótico, tropecientos mil cursos y talleres organizados por meros aficionados, rezo continuado de mantras o de rosarios para aquietar la mente, nuevas variantes del espiritismo (), retorno de las mancias adivinatorias tradicionales, renovada afición por ciencias más o menos abandonadas, chamanismos y parapsicologías por un tubo, gafas emisoras de estimulos óptico-acústicos para jugar con fosfenes y con nuestras ondas cerebrales (técnicas y herramientas tipo ...), terpias alternativas de alcance y efectos discutibles para la salud (curanderismo irresponsable, riesgos derivados de la autocuración o el ancho mar de las supersticiones: la aromaterapia o la musicoterapia no curan un hueso roto, sin ir más lejos)... Parte de este fenómenal espectáculo está mucho más relacionado de lo que parece con un fin pocas veces confesado, y mucho más trascendente y noble de lo que se suele creer: propiciar al usuario una excursión psíquica decente, legal. Legal.

La diseñada por John Lilly es una aproximación al reequilibrio de las ondas cerebrales. Su búsqueda de efectos parecidos a los del LSD se queda, sin embargo, en un favorecer encuentros con uno mismo, y en el desarrollo de profundas relajaciones y concentraciones. La gente relacionada con el lanza al mercado una variante de las célebres postales de Yoko Ono (....), con esas típicas (, , etc.) Lo que nació como efecto artístico acaba por convertirse en una ayuda a la autosugestión. Unos japoneses rediseñan el tradicional caleidoscopio, dando lugar a formas mucho más límpidas, restallantes y triposas. Cien por cien inofensivo, resulta bello y abordable, tanto para niños como para adultos. Los chinos, en cambio, nos ofrecen, al albur de su barata moneda, las excelentes bolas energéticas tipo , útiles para hacer muñeca, dar masajes...y favorecedoras de un reequilibrio energético general. La parafernalia no cesa de crecer: un dodecaedro para captar la energía cósmica, un aparato ionizador y otro ozonizador, complejos equipos de , un inductor magnético revitalizante del agua, un mango eléctrico para quiromasaje, una manta orgónica, el pequeño tapíz a bolitas para espaldas de taxistas, una alfombra para reflejoterpia... De entre tanto cacharro, acaso sea el ecualizador de ondas cerebrales diseñado Denis Gorges lo más interesante y, a la vez, controvertido.

Esas aparentes deben experimentarse suficientemente para descubrir sus efectos y posibilidades. Por experiencia propia, y de forma muy simplificada, podemos decir que es cierto que favorecen la ecualización de los dos hemisferios cerebrales, de los que se deriva un mayor estado de atención, concentración y memoria después de cada sesión (unos 40 minutos, más o menos); aunque no es menos cierto que tales excelentes estados se diluyen al cabo de pocas horas de trabajo cotidiano. Es cierto que los destellos luminosos favorecen la relajación, el equilibrio y el desarrollo personal de las propias facultades creativas, pero también lo pueden favorecer la respiración y la alimentación y ejercicio adecuados, junto a una saludable actitud mental. Es cierto, en suma, que los fosfenes y colorines los pone cada cual (la máquina sólo expende estímulos, a través de sus pequeños leds), pero al fin y al cabo, uno termina por aburrirse del cacharro (en especial si recuerda lo que le ha costado) y acaba por intentar vendérselo a algún amigo. Porque es inevitable pensar en un éxtasis ortopédico. En el uno no puede evitar una sensación ortopédica aplicable a tanto cacharro para gentes perezosas y aburridas. La íntima transformación podrá darse en un instante, como un relámpago, pero los frutos se darán en un terreno abonado, fértil... ¿Cuál es la verdadera validez de los cacharros y técnicas? No todo resulta eficaz para todos, pero ¿hay algo en ese bazar verdaderamente imprescindible?