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Psicosíntesis

El aporte de Roberto Assagioli

Fue el creador de esta vía que busca la transformación de todas las potencialidades del Ser. Su idea básica era que el individuo está en proceso constante de crecimiento personal y de realización de su potencial oculto. Enfatizaba con claridad en la necesidad de distinguir entre la psicopatología ordinaria y las crisis que preceden, acompañan y siguen a la apertura espiritual. El mapa de Assagioli sobre la personalidad humana tiene alguna similitud con el sistema psicológico de Jung, en cuanto que reconoce de manera explícita la espiritualidad, e incluye el concepto del inconsciente colectivo. Señala que sólo existe un Ser, pero que este Ser personal es la reflexión más accesible del Ser Transpersonal cuyo punto de unión es la Voluntad.

Un elemento esencial de la psicosíntesis de Assagioli es el concepto de subpersonalidades. Según él, en la personalidad humana hay muchas subestructuras que se alternan en su gobierno de la psique según las circunstancias. Las subpersonalidades más corrientes y obvias reflejan los papeles que hemos representado en el pasado o que representamos actualmente en nuestras vidas: el niño, el amigo, el amante, el padre, el maestro, el médico o el funcionario. Otras pueden ser héroes de fantasía, figuras mitológicas o, incluso, animales. Una de las tareas importantes de la psicosíntesis es identificar e integrar las subpersonalidades en un conjunto dinámico que funcione armónicamente.

El proceso terapéutico de la psicosíntesis implica cuatro estadios consecutivos. Al principio, el paciente descubre algunos elementos de su personalidad que estaban ocultos hasta entonces y los acepta a un nivel consciente. La siguiente fase consiste en liberarse de su influencia psicológica y en desarrollar la capacidad de controlarlos; esto es lo que Assagioli llama 'desidentificación'. Cuando el individuo ha descubierto gradualmente su centro psicológico unificador, es posible completar la psicosíntesis, caracterizada por una culminación del proceso de autorrealización y de integración de los diversos "yos" alrededor de un nuevo centro psicológico llamado "Voluntad del Ser".

Assagioli utilizó el término "espiritual" en su connotación más amplia, siempre referido a la experiencia humana empíricamente observable. En este sentido, "espiritual" abarca no sólo las experiencias tradicionalmente consideradas como religiosas, sino también todos los estados de conciencia, todas las funciones y actividades humanas que tienen como denominador común el poseer valores superiores a la media (valores éticos, estéticos, heroicos, humanitarios y altruistas). Dichas experiencias de valores superiores proceden de niveles supra conscientes del ser humano. El supra consciente puede conceptualizarse como la contrapartida superior del inconsciente inferior, tan bien cartografiado por Freud y sus sucesores. Como centro superior unificador del supra consciente y del individuo se encuentra el Yo transpersonal o Yo superior. Así pues, las experiencias espirituales pueden limitarse al terreno del supra consciente o incluir la toma de conciencia de este Yo, que gradualmente desemboca en la autorrealización: la identificación del "yo" con el Yo transpersonal.

El mayor desarrollo y complejidad de la personalidad del ser humano actual y su mente cada vez más crítica, han hecho que el desarrollo espiritual sea más rico y más gratificante, aunque también lo ha convertido en un proceso más difícil y complicado.

Por estas razones Assagioli considera que es útil tener una descripción general de las perturbaciones que pueden surgir en fases diferentes del desarrollo espiritual, así como algunas indicaciones de la mejor manera de enfrentarse a ellas. En este proceso podemos reconocer cuatro etapas o fases críticas.

Las crisis que preceden al despertar espiritual

Podría decirse que el ser humano normal "se deja vivir", en lugar de vivir. El cambio comienza frecuentemente con un sentimiento creciente de insatisfacción, de carencia. A esto se añade paulatinamente un sentimiento de irrealidad y de vacío de la vida ordinaria. Los asuntos personales, que previamente absorbían gran parte de su interés y de su atención, parecen retirarse psicológicamente a un plano posterior; pierden su valor y su importancia. Surgen nuevos problemas. La persona comienza a preguntarse, por ejemplo, por el sentido de sus propios sufrimientos y el de los demás, y por la justificación que puede existir para tanta desigualdad en el destino de los seres humanos.

Es importante reconocer que estas manifestaciones diferentes de la crisis tienen grandes similitudes con algunos de los síntomas que se consideran como característicos de los estados neuróticos y de los estados cercanos a la psicosis. Así, las crisis son preparaciones positivas, naturales, y, con frecuencia, necesarias para el progreso del individuo. Hacen emerger a la superficie elementos de la personalidad que tienen que ser examinados y cambiados en interés del crecimiento de la persona.

Las crisis causadas por el despertar espiritual

El despertar espiritual equivale a una resolución real de la crisis con la apertura del canal entre los niveles consciente y supraconsciente, entre el "yo" y el Yo superior. El torrente de luz, energía y gozo que le acompaña producen una liberación maravillosa. Los conflictos y sufrimientos anteriores, junto con los síntomas físicos y psicológicos que generaron, se desvanecen a veces con una espontaneidad sorprendente, confirmando así el hecho de que no se debían a ninguna causa física, sino que eran el resultado directo de la lucha interna. Pero, en otros casos, la personalidad es incapaz de asimilar correctamente el flujo de luz y de energía.

Esto sucede cuando el intelecto no está bien coordinado y desarrollado; cuando las emociones y la imaginación están descontroladas; cuando el sistema nervioso es demasiado sensible; o cuando la irrupción de energía espiritual es abrumadora por su intensidad y su carácter repentino. Una incapacidad de la mente para soportar la iluminación o la tendencia a centrarse excesivamente en sí mismo, incluso al engreimiento, puede producir que la experiencia sea interpretada de manera errónea o, por así llamarlo, una "confusión de niveles". En este caso, se desdibuja la distinción entre verdades absolutas y verdades relativas, entre el "yo" y el Yo superior; las energías espirituales que irrumpen pueden producir el desafortunado efecto de alimentar el ego personal. La experiencia interior del Yo espiritual, y su vínculo con el yo personal, proporciona una sensación de expansión interna, de universalidad, y de convicción de participar de alguna manera de la naturaleza divina.

La distinción proporciona la clave de una comprensión del estado mental del paciente en cuestión, y de otras formas extremas de autoexaltación y autoglorificación. El error fatal de los que caen víctimas de estas ilusiones es atribuir al yo personal las cualidades y los poderes del Yo transpersonal o Yo superior. No son raros los casos de este tipo de confusión entre las personas que quedan deslumbradas por el contacto con verdades demasiado amplias o energías demasiado poderosas para que sus capacidades mentales puedan captarlas y su personalidad sea capaz de asimilarlas. En algunas personas sensibles se produce un despertar de percepciones psicológicas, tienen visiones o reciben mensajes que hay que interpretar con sumo cuidado para no caer en la presunción.

Las reacciones posteriores

Como ya se ha dicho, un despertar interior armonioso se caracteriza por un sentimiento de alegría y de iluminación mental que conlleva una instrospección en el sentido y el propósito de la vida; despeja muchas dudas, ofrece la solución a muchos problemas, y proporciona una base interna de seguridad. Al mismo tiempo, hace brotar la comprensión de que la vida es una, y a través de la persona fluye una efusión de amor hacia sus semejantes y hacia toda la creación. La personalidad previa, con sus aristas y rasgos desagradables, parece retirarse al fondo, y un nuevo individuo amoroso y encantador nos sonríe y sonríe al mundo entero, deseoso de ser amable, de servir y de compartir sus recién adquiridas riquezas espirituales, cuya abundancia le parece demasiado grande para poder contenerla.

Como todo en el universo, la irrupción de la luz y del amor es rítmica. Tras un tiempo, ésta disminuye o cesa, y al flujo le sigue un reflujo. La personalidad fue inspirada y transformada, pero rara vez su transformación es permanente o completa. Lo más frecuente es que una gran parte de los elementos de la personalidad vuelvan a su estado anterior. Pero experimentar la retirada de las energías transpersonales y la pérdida del estado exultante de Ser es por fuerza doloroso y, en algunos casos, es susceptible de producir fuertes reacciones y perturbaciones graves. La personalidad se vuelve a despertar y se reafirma con una fuerza renovada.

La persona cuya conciencia moral se ha vuelto ya más precisa y sutil, cuya sed de perfección se ha hecho más intensa, juzga y condena con gran severidad su propia personalidad y es susceptible de arbolar la creencia errónea de haber caído más bajo de lo que estaba al principio. En casos extremos, la reacción puede ser tan intensa que se vuelve patológica, produciendo un estado de depresión e, incluso, de desesperación con impulsos suicidas. Este estado tiene un gran parecido con la depresión psicótica, caracterizado por un sentimiento agudo de inutilidad, auto desvalorización y auto culpabilidad sistemáticas, que pueden llegar a ser tan intensas que produzcan la fantasía de que se está en el infierno, irremediablemente condenado.

El proceso de transmutación

Aparece cuando se reconoce la necesidad de una regeneración total de la personalidad. Es un período muy azaroso y gratificante, repleto de cambios en los que se suceden la luz y la oscuridad, la alegría y el sufrimiento. Es una transición, una salida de la vieja condición sin haber alcanzado todavía firmemente la nueva. La persona comienza a desarrollar un marco conceptual más coherente que le permite entender mejor lo que observa y vive, y que le sirve, no sólo como medio para guiarse hacia un conocimiento ulterior, sino también como fuente de serenidad y orden en medio de las circustancias cambiantes de la vida.

Jung ha descrito este tipo de crisis con términos contundentes: "Ser 'normal' es un ideal espléndido para los fracasados, para todos aquellos que todavía no han encontrado una manera de adaptarse. Pero para las personas que tienen muchas más capacidades que la mayoría, y para las cuales nunca ha sido difícil obtener éxito y realizar la parte correspondiente de su labor en el mundo, la restricción de ser normal significa la cama de Procusto, un aburrimiento insoportable, una esterilidad y desesperanza perjudiciales. En consecuencia, existen tantas personas que se vuelven neuróticas porque son sólo normales, como personas que están neuróticas porque no pueden volverse normales". Uno de los mayores servicios que podemos hacer a los que luchan en el camino, es ayudarles a conservar siempre presente ante sus ojos la visión de la meta. Tener una visión de antemano y un anticipo del estado de conciencia caracterizado por la alegría, la serenidad, la seguridad interna, un sentimiento de poder tranquilo, una comprensión clara y un amor radiante. En sus aspectos superiores es la realización del Ser esencial, de la comunión y de la identificación con la Vida Universal.

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