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Superpoblación mundial

Hacia 2006, 1000 millones de personas sufrían de hambre, de ahí a 2016, la cifra ascendió a más de mil millones de subalimentados (ONU) de acuerdo a un amplio estudio prospectivo. Según sus previsiones más optimistas, desde el año 2006, el déficit de cereales como arroz, trigo, maíz, sorgo y cebada se cuadruplicó hasta el año 2010 en los países en vías de desarrollo, llegando a los 344 millones de toneladas, 300 millones más del total que se comercializa desde 2006. El déficit alimentario es inevitable, incluso si se mantiene la producción en su nivel actual. Pero de hecho, está en descenso.

Los indicios más alarmantes corresponden a Africa subsahariana y Asia del Sur, con déficits de 314 y 350 millones de toneladas de cereales. ¿Cómo satisfacer estas necesidades futuras, cuando la pesca intensiva llega al límite de 90 millones de toneladas al año y la producción agrícola mundial por habitante ha dejado de aumentar desde mediados de los años 80 , por primera vez desde hace tres decenios? Con una tasa de crecimiento demográfico promedio de un 1,5 %, en el año 2025 la Tierra tendrá 8.300 millones de habitantes y de ellos 7 mil millones vivirán en los países en vías de desarrollo, con 1.500 millones en China y 1.300 millones en la India. Pero el trastorno mayor ocurrirá en Africa subsahariana, donde, según el cálculo más alto, la población más que se duplicará en treinta años, pasando de 600 millones de habitantes a 1.420 millones. ¿Cómo alimentar a estas poblaciones? ¿Es posible una nueva "revolución verde"? Recordemos que en 1964 esta revolución logró que la India saliera de hambrunas sucesivas, basándose en nuevas variedades de trigo y arroz de alto rendimiento, con la utilización de abono y la irrigación de tierras de elevado potencial, medidas que exigieron una fuerte decisión política. Nada similar sucedió en Africa donde la "revolución blanca"del algodón aumentó los ingresos de algunos países exportadores, pero al precio de un consumo exagerado de insecticidas.

Como resultado, quince países africanos no tendrán los recursos alimentarios suficientes y necesitarán 60 a 80 millones de toneladas de cereales gratuitos en el 2020. ¿Quién les proporcionará ese alimento? Las proyecciones de la FAO indican que la producción promedio de cereales por habitante no superará los 690 a 720 kg. en Occidente, de aquí al año 2020. El estancamiento relativo de la producción de cereales (de 310 a 330 kg.) en los países en vías de desarrollo es preocupante. Más aún cuando una gran parte de las cosechas será consumida por animales de crianza. En los países ricos, los animales consumen un 75 % de los cereales que se producen, a diferencia de menos de un 25 % en los países con bajos ingresos. Según las proyecciones de la FAO, la producción de los cereales llamados "secundarios"(trigo, forraje, maíz, sorgo, etc.) pasará de 254 millones de toneladas en la actualidad a 427 millones en quince años más.

Indonesia deforesta actualmente 600.000 hectáreas de bosques para cultivar soya con un bajo rendimiento, destinada a alimentar a los pollos. En Asia, en el Cercano Oriente y en Africa del Norte no existen tierras cultivables por conquistar. Con la "reserva" de 1.800 millones de hectáreas calculadas por los expertos en los países en vías de desarrollo (sin considerar a China), un 92 % se encuentra en Africa subsahariana y en la zona de América Latina y el Caribe. Se trata principalmente de bosques, espacios protegidos (como parques nacionales), regiones en relieves o con suelos de naturaleza difícil. De aquí al 2020, Africa subsahariana podrá contar con 42 millones de hectáreas de tierras arables suplementarias y América Latina con 27 millones. Pero, como en todas partes la superficie explotada por habitante disminuirá. En China, que posee un 20 % de la población mundial y sólo el 7 % de suelo arable, las tierras más fértiles, sobre la zona costera, están siendo ocupadas por ciudades, caminos e industrias. Más de 15 millones de hectáreas cultivables han sido destinadas para otros usos durante los últimos treinta años.

La tierra agrícola no solamente se modifica, sino que pierde su potencial. De hecho, una proporción importante de tierras cultivables es grágil: tierras áridas o semi áridas, en fuerte declive, con un suelo pobre y pedregoso. Una fragilidad que se agrava por la deforestación, el pastoreo excesivo y los monocultivos. Para satisfacer la demanda de alimentos se necesitarán 23 millones de hectáreas suplementarias de aquí al 2020. El consumo medio de abonos por hectárea en los nuevos países industrializados, como Tailandia, Taiwán, Corea del Sur, Malasia, Indonesia, Filipinas, ha alcanzado el nivel de los países desarrollados, al igual que la contaminación por nitratos. La deforestación alcanza niveles críticos en Tailandia, Vietnam, Nepal, Haití, Etiopía o Brasil. Ante estas sombrías perspectivas, la tarea de los investigadores es compleja. No se trata sólo de encontrar variedades de plantas de alto rendimiento, porque a menudo implican procedimientos de los que el agricultor no tiene los medios para aplicar. Hay plantas de espacies alimenticias, hasta hoy descuidadas por la investigación y por los economistas, que merecen un poco más de atención. Se trata de otros cereales aparte del arroz, el trigo o el maíz, como el mijo, el sorgo y la quínoa; tubérculos y raíces, como la mandioca, el ñame, la batata y la banana; y de legumbres, como los frejoles, gatbanzos y lentejas. Estas plantas, adaptadas a las zonas más pobres, son reservas de biodiversidad donde se buscará en el futuro los genes de adaptación a los medios hostiles.

Los biólogos moleculares tienen muchas esperanzas en la localización de genes interesantes que permitirán determinar más rápidamente qué planta es adecuada para ser seleccionada. Estabilizar los rendimientos y extender el progreso en las zonas desfavorecidas, respetando el medio ambiente, es la apuesta ambiental de la "revolución verde" a la que se dedican los investigadores. El desarrollo deberá ser una fuente de empleos en estos países, donde la población que vive de la agricultura representa más de un 60 % de la población activa.

La esperanza del super arroz

El arroz es el alimento base de la mitad de la población mundial. Cultivado desde el ecuador hasta la latitud 50º norte y desde el nivel del mar hasta los 2.000 mts. de altura, sus miles de variedades cultivables pertenecen principalmente a la especie Oryza Sativa.

Las variedades más productivas, seleccionadas de la subespecie japónica, tienen un rendimiento de 5 toneladas por hectárea. Para paliar la falta de superficies cultivables en Asia y para terminar con la hambruna que azotaba a la India, fue necesario aumentar el rendimiento. En 1964, un instituto de mejoramiento del arroz, el IRRI, seleccionó variedades índicas semi enanas (80 cm.) de alto rendimiento.

Desde esta "revolución verde", el rendimiento no ha aumentado significativamente, salvo en la precocidad (varios cultivos al año), la resistencia a enfermedades, etc. La gran esperanza es ahora el nuevo "super arroz", con raíces vigorosas y hojas anchas, dotadas de 8 a 10 tallos terminados en espigas largas, con 200 granos en lugar de 100. Ha comenzado una verdadera carrera contra el reloj para vencer un gran desafío: de aquí a 15 años, Asia deberá producir un 70 % más de arroz en la misma superficie cultivada, para lograr alimentar a su población.

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