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La mística sufí

El sufismo utiliza muy a menudo cuentos, chistes y ocurrencias como enseñanza del conocimiento. Como por ejemplo, las célebres ocurrencias del incomparable Mullah Nasrudín, tan populares en el mundo del Islam.

La enseñanza no enfatiza en la meditación como práctica en sí misma, sino aplicada en la observación de las paradojas y sutilezas de la vida cotidiana. Pero la enseñanza sufí es densa y contiene todos los elementos de sabiduría profunda de la tradición espiritual. Los grandes maestros sufís proponen, por ejemplo, una serie de "temas para la contemplación solitaria", para su estudio individual. Una vez han sido asimilados por el estudiante se discuten en grupos.

* "Ser un sufí es apartar lo que hay en tu pensamiento -verdad imaginada, preconceptos, condicionamientos- y enfrentar lo que pueda sucederte".

* "Para el que posee percepción, un simple signo es suficiente".

* "Para el que realmente no está atento, mil explicaciones no le bastan".

La búsqueda de la verdad es la primera etapa para hallarla. Después de buscar se advierte que la Verdad también está buscando al propio Buscador. La tercera etapa, en la cual el sufí está aprendiendo del Camino, se alcanza cuando el aprendizaje logra un nivel especial, es decir, el buscador tiene conciencia de que está adquiriendo conocimiento en una escala más allá de la "búsqueda", y del "hallazgo", y del "ser buscado".

Para un Sufí, aún cuando un hombre pudiera conocer en su totalidad los Nombres y Atributos divinos, lo cual es imposible, no los conocería nunca en Dios Mismo, sino que los conocería en sí mismo, en su propia persona. Esto porque el hombre es limitado y finito, y Dios es Ilimitado e Infinito, y de Su Grandeza enseñó a los hombres aquello que podían conocer de El, pero con ejemplos referidos a ellos, no a El mismo. Dios enseño así al hombre Sus Nombres y Atributos, y le permitió tener una experiencia de ellos en sí mismo. Y cuando el hombre experimenta dichos Atributos y Nombres Divinos, puede hacerse una mera "idea" de cómo son en Allah Exaltado, pero sólo una "idea". De modo que cuando más profundiza en el conocimiento de esos Nombres y Atributos más profundiza y purifica la "idea" que tiene de sí mismo. Esta "idea" es la percepción sutil más profunda y directa que puede tener de su

El amor en el sufismo

La perfección del amor a Allah consiste en la subordinación de la potencia física o animal al alma racional y al espíritu. Por dicha subordinación el hombre adquiere plena conciencia de que adora a Allah. Cuando el hombre no se ha perfeccionado, y predomina su potencia animal, pierde conciencia de su servidumbre a Allah, degradándose a la categoría del resto de las cosas materiales creadas. Dice el Sagrado Corán sobre éste último tipo de adoración: "Lo que hay en los cielos y en la tierra se prosterna ante Dios", es decir, todas las cosas aún las que no poseen conciencia de su subordinación se someten a El y Le adoran.
El amor divino es el más elevado que pueda experimentar el hombre porque se dirige directamente a Allah. Se distinguen en él tres niveles que corresponden a tres grados de seres: 1) el del simple devoto, que obedece a su Señor; 2) el del comerciante, que Le ama por el beneficio que de Allah recibe; 3) el del realizado en que las cualidades del amante son una con las cualidades del Amado.

1. Amor Físico.
2. Amor Espiritual(o del alma racional).
3. Amor Divino.
a) De Allah al hombre: por sí mismo, por nosotros mismos.
b) Del hombre a Allah: por Allah (devoto),  por el hombre mismo (comerciante), por Allah y por el hombre (realizado).

 

Uno llegó a la puerta del Amado y golpeó. Y susurró una voz desde adentro:

-¿Quién es?

Y el amante respondió diciendo:

-Soy yo Entonces la voz dijo: -No hay lugar en esta casa para tú y yo.

Y no le fue abierta la puerta.

De modo que el amante retornó al desierto y ayunó y oró.

Al cabo de un año, volvió una vez más a la puerta del Amado y golpeó.

Y de nuevo dijo la voz desde adentro:

-¿Quién es?

Esta vez, el amante, que había aprendido la renuncia de sí, respondió diciendo:

-Eres tú.

Y se abrió la puerta.

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